sábado, 23 de octubre de 2010

Odio...

Odio madrugar y que me despierten, aunque sea la hora de comer, tener que levantarme y darme cuenta de que no hay nadie en casa, que estoy sola, que cuando me vista me de cuenta de que en el armario falta lo único que me quería poner, rebuscar entre el montón de zapatos y pensar "necesito comprarme unos...", pasar miles de horas bajo la ducha y que se acabe el agua caliente, encender la tele y ver que no hay nada bueno, conectarme al ordenador y ver que no hay nadie, saber que hoy para comer mi madre ha preparado pescado y comer sin ganas, o no comer, porque simplemente lo aborrezco, intentar dormir la siesta y que tenga que llamarme todo el mundo en ese momento, pasar de no tener planes a haber quedado con tres personas a la vez, salir de casa sin saber a donde ir y pasarme media hora en el portal decidiendo a donde ir, pasar por delante de alguien conocido y que no se de cuenta, pasar una vez más y que siga sin darse cuenta, llegar a un sitio y recordarlo mejor de lo que está, esperar el momento perfecto y ver como pasa de largo, intentar hablar y no ser capaz de hacerlo, no ser sincera, dejar escapar lo único que me importa, no arriesgarme, las trampas y las mentiras, sobre todo si son a mí, promesas de cosas que no van a cumplir, que me oculten cosas, encender el móvil después de días estando apagado y que no tenga ni siquiera una triste llamada o mensaje, que no me den las buenas noches, dormir horrorosamente mal, y tener que volver a madrugar, volverme a despertar y ver que sigo sola en casa...

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